Me levanté muy temprano. Estaba muy cansada, pero al pensar que hoy era la fiesta de Jack, se me quitó todo el sueño.
Directamente, sin desayunar, me vestí y salí de mi casa. Me dirigí a buscar a Sarah.
Tocé el timbre de su casa. Tenía un sonido muy suave y agradable.
Salió ella, y me dijo:
—Hola.
—Hola.
—¿Quieres pasar?
—No, que ya llegamos tarde.
La fiesta de Jack era un poco rara, empezaba a las once y media de la mañana, y terminaba de madrugada.
—Bueno, vámonos ya —le dije.
Eran las diez y media de la mañana, y en ir a la casa de Jack, se tardaba más de una hora, porque estaba en las afueras de la ciudad.
La madre de Sarah nos dijo:
—¿Os llevo a esa fiesta?
—Claro, mamá.
Nos metimos en el coche de cinco plazas de la madre de Sarah.
—¿Por dónde queda esa casa?
No lo sabíamos, así que Sarah tubo que llamar a Jack.
Ella se lo dijo a su madre donde se situaba la casa de su novio. La madre se puso en camino.
Mientras Elisabeth (la madre de Sarah) estaba conduciendo, su hija y yo estábamos hablando sobre la gran fiesta, la grandiosa fiesta que había creado Jack.
—Esta tiene que ser la mejor fiesta de el mundo, Sarah.
—Seguro.
Cuando llegamos a su casa, eran las once y cuarto de la mañana. Su puerta estaba llena de coches, motos y también había un taxi.
Nos bajamos del coche rápidamente y tocamos el timbre, el cual tenía un tono suave y agradable.
Nos abrió Jack, y nos dijo:
—Venga chicas, pasad.
Sarah le plantó un beso en la mejilla.
Yo me dirigí a buscar una bebida refrescante, porque hacía demasiada calor.
—Hola —me dijo un chico.
—Hola.
—¿Cómo te llamas?
—Yo, Maica. ¿Y tú?
—Dany.
Pero ese chico por su forma de ser, no me interesaba.
Estaba buscando a Sarah, pero ella vino corriendo hacia mí. Ella tenía la cara blanca, con mal aspecto. Me dijo:
—Maica, no me encuentro bien, yo me voy.
—Pues yo me voy contigo.
—No, quédate aquí, yo ya pido un taxi.
Yo le hice caso.
La acompañé hasta la puerta de la casa. Fuera había un taxi donde se subió la chica.
Cuando el taxi donde ella estaba subida se alejaba, yo me volví a meter dentro de la casa, cerré la puerta y me dirigí a la cocina para tomarme un baso de cola.
Lo malo de esa fiesta era que, menos a Jack, no conocía a nadie.
—Hola, ¿dónde está Sarah? —me dijo una voz masculina a mis espaldas.
Yo me di media vuelta, y le contesté:
—Jack, Sarah se ha tenido que ir, estaba enferma.
—Es algo grave.
—No, no es nada, no te preocupes.
—¿Te vienes conmigo al salón?
Yo le asentí con la cabeza.
Tenía dos opciones: quedarme sentada en la cocina aburrida mirando a todo el que pasaba por delante mía, o irme con Jack y pasármelo mejor.
—Mira Maica, este es mi antiguo compañero del colegio Charlie.
—Hola —me dijo el chico.
—Hola —le contesté.
Empezó a hacerse de noche, la gente empezaba a salir de la casa.
Llegó un momento de intenso silencio, Jack y yo éramos los únicos que habitábamos en la casa.
Su cuerpo se inclinó hacia mí, sus labios rozaban mi cara.
—Ven, vamos a mi cuarto.
Yo me sentía mal, porque Sarah estaba con él, y ella era mi mejor amiga. Pero así, no me podía resistir a la tentación.
Nos metimos en su curto, cerramos la puerta con pestillo, y en ese momento, se oye la puerta principal de la casa abriéndose. Son los padres de Jack.
Yo me escondí en su cuarto. Él salió a entretener a sus padres mientras yo me escapaba por la puerta de atrás. Nuestro plan salió bien.
Cuando salí de su casa, llamé a un taxi, que en cinco minutos pasó a recogerme.
Cuando abrí la puerta de mi casa, mi madre estaba viendo una película romántica, muy romántica y dramática. Tenía en la mano una caja de pañuelos porque se le saltaban las lágrimas.
Yo subí a mi habitación y cerré la puerta de mi cuarto. Empecé a pensar en Jack y yo, ¿haríamos buena pareja? No le quiero romper el corazón a mi mejor amiga, porque si se entera, no me habla más en la vida.
Era ya muy tarde, así que me metí en mi cama, me tapé con una manta de muy poco grosor, y me quedé dormida.
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